viernes, 9 de enero de 2009
El invierno no es sino la esperanza de que ya queda menos para el agua de la playa...
"Llega el invierno pleno con sus árboles vertidos de silencio y de ocre y el cierzo que mata el jardín. Pero en el corazón de los rosales ya se intuye la primavera palpitante.
Es el tiempo de las rebajas y de los estornudos. El aire es tan frío como el agua del Júcar. Empieza la infinita cuesta de enero, pero el sol brilla; que le den por el saco al índice Nikkei y a su puta madre. No todo son malos presagios en la ecuación del cielo, los acordeones siguen tocando aunque tengan los pantalones rotos.
Los rascacielos de mi barrio, que erigió la soberbia, se alzan sutiles entre el cielo límpido. Los mendigos de las calles me tratan como a un colega. Basta de ayes, jipíos y estornudos. El estornudo no es solo síntoma de gripe sino de malos pensamientos, que son los buenos...."
Extracto de "El Cañonazo"-Raúl del Pozo 08/01/09
Y digo yo, si los malos pensamientos son los buenos...para ser felices hay que tener gripe contínua? Si es así, es preferible tener el vaso medio lleno porque si está rebosante estaríamos enfermos siempre. Pero, y si está vacío?
Qué tendríamos si está vacío? Supongo que, como decía W. Allen, una mala salud de hierro...
Enseñanzas amorosas para niños y niñas de todas las edades, que siempre es bueno tenerlas a mano (o a máquina)
Besos y abrazos
miércoles, 7 de enero de 2009
Un día en las rebajas
Cuando ella había cumplido treinta años, él estaba aun en la cabeza de una diseñadora que quería romper moldes y, meses después, rompió aguas en un taller de Galicia mientras un agua mansa, sin viento, peinaba los cristales de las ventanas.
El parto fue natural, hecho a base de unir mangas para brazos, solapas para genetizar lo Ruso que había en su mente, hombros torneados y una espalda recta, que se estrechaba bajando por la cintura. Definitivamente, él fue muy femenino al nacer, y su madre siempre supo que acabaría siendo mujer o de una de ellas.
Tiempo después, el traslado a la gran ciudad le pilló desprevenido ya que, por su singularidad, pensaba que no iba a mezclarse con el tumulto del resto de compañeros de guardarropía, pero al final ya se sabe que todos acabamos en el mismo saco porque ley de vida es.
Le colgaron en la tienda Gallega del centro que le esperaba con las perchas colgadas, listas para abrocharle los botones, y guiñarle los cuadros a algún mecenas que se lo quisiese colgar.
Ella siempre supo que él estaba en alguna parte, sus frecuentes viajes por razones laborales le hacían fijarse en todos los que encontraba expuestos pero ninguno terminaba siendo de su agrado. "No creo ser tan exigente", pensaba, pero a medida que pasaba el tiempo perdía las ganas de seguir buscando o, simplemente, de fijarse en escaparates y entrar a ver mejor, porque no todo lo que se enseña como una joya refulge igual por dentro que por fuera, se decía.
Las rebajas habían engullido la gran ciudad, y ella entraba en las tiendas con no más esperanza que ver alguna pelea por unas bragas de a 1€, la visión de alguien que se probase dos tallas menos de la suya y lamentarse con tristeza porque nunca las bajadas de precios llovían a gusto de todos, unas veces está el precio justo, pero no la prenda exacta, la que cae como un guante y te hace sentir la reina del universo.
Mientras realizaba estas incursiones, sucumbió a las luces casi bronceadoras de un centro de, al menos seis pisos, en el que si no te gustaba lo que habías comprado cuando te lo probabas en el salón de tu casa y delante de tu marido, te devolvían el dinero. "Vamos a hacer senderismo comercial", se dijo y la planta baja de perfumes le insufló a la planta joven, donde se cruzó con una pareja que cojeaba del mismo pie. Ella nunca había visto tal mímesis y entornó los ojos, como la China de su barrio o como un diafragma que se cierra, para sacar una foto mental del momento con poca luz, tanta era la que había, que pensó pudiera ser una alucinación.
A continuación pasó por otro edificio donde la gente llevaba cestas, como las del super, llenas de libros, dvd's, Ipods, minicadenas y pensó que nunca la comida había estado tan cerca del intelecto. Compró un libro que, en otro tiempo le hubiese gustado a ella, pero lo decidió en regalo para otra persona más adecuada. Le atendió un tal Ignacio, según rezaba la chapa de su chalequillo verde, mientras que en el ticket de compra figuraba otra que decía, Carmen Rico. Bajó al hall donde envolvían los regalos y, mientras tanto, se fijó en que uno de los libros que había leído ese año "Un grito de amor desde el centro del mundo", de Kyoichi Katayama, ya iba por la 2ª edición, ese libro en el que al principio todo es soso, sin expectativas o previsible, pero después pega un estirón como un adolescente recién levantado de siesta y se convierte en mayor, dando significado a su vida y a sus letras.
Una vez abajo, otro chalequillo verde que decía "Sandra", le envolvió el regalo que años atrás hubiese preferido para ella y, de repente, el mundo se paró porque su archivo mental calcó a Sandra con una modelo de hace ya, llamada Cristina Piaget, preciosa según recordaba.
Casualidades, supuso.
De camino a su casa, y con la sola adquisición del libro, pasó algo desganada y con la inercia por bandera por la tienda Gallega donde estaba él. Al principio, echó un vistazo general a todo el local y se desganó pensando que "pa qué", él estaba en algún lugar de la tierra, pero allí solo habría cazadoras a 59,90 €, camisas básicas en rojo, negro y blanco a 9,90 € o alguna pequeña tendencia, como unos pantalones a cuadros escoceses rojos, que bien podrían aparecer en alguna marquesina enfundados en las piernas de Agyness Deyn, a juego con unos patchwork que le hiciesen parecer una araña con dos patas.
Él miró hacia fuera y ella, como un imán, volvió la cabeza como si alguien le hubiera soplado a las orejas. De repente se quedaron mirando como dos desconocidos que se conociesen de toda la vida, porque al fin y al cabo, los dos sabían que existían pero que quizá nunca se verían las caras y las solapas.
Ella se dirigió a las perchas con grandes zancadas, cogió el abrigo, le desabotonó en un acto un tanto erótico para un lugar en el que también había ropa de niños, se arropó con sus cuadros y en ese momento se convirtieron en un lienzo de carne y paño.
Ya nunca más volvió a mirar escaparates y, cuando lo hacía, era para buscar zapatos que le hicieran más esbelto a él.
Besos y abrazos
El parto fue natural, hecho a base de unir mangas para brazos, solapas para genetizar lo Ruso que había en su mente, hombros torneados y una espalda recta, que se estrechaba bajando por la cintura. Definitivamente, él fue muy femenino al nacer, y su madre siempre supo que acabaría siendo mujer o de una de ellas.
Tiempo después, el traslado a la gran ciudad le pilló desprevenido ya que, por su singularidad, pensaba que no iba a mezclarse con el tumulto del resto de compañeros de guardarropía, pero al final ya se sabe que todos acabamos en el mismo saco porque ley de vida es.
Le colgaron en la tienda Gallega del centro que le esperaba con las perchas colgadas, listas para abrocharle los botones, y guiñarle los cuadros a algún mecenas que se lo quisiese colgar.
Ella siempre supo que él estaba en alguna parte, sus frecuentes viajes por razones laborales le hacían fijarse en todos los que encontraba expuestos pero ninguno terminaba siendo de su agrado. "No creo ser tan exigente", pensaba, pero a medida que pasaba el tiempo perdía las ganas de seguir buscando o, simplemente, de fijarse en escaparates y entrar a ver mejor, porque no todo lo que se enseña como una joya refulge igual por dentro que por fuera, se decía.
Las rebajas habían engullido la gran ciudad, y ella entraba en las tiendas con no más esperanza que ver alguna pelea por unas bragas de a 1€, la visión de alguien que se probase dos tallas menos de la suya y lamentarse con tristeza porque nunca las bajadas de precios llovían a gusto de todos, unas veces está el precio justo, pero no la prenda exacta, la que cae como un guante y te hace sentir la reina del universo.
Mientras realizaba estas incursiones, sucumbió a las luces casi bronceadoras de un centro de, al menos seis pisos, en el que si no te gustaba lo que habías comprado cuando te lo probabas en el salón de tu casa y delante de tu marido, te devolvían el dinero. "Vamos a hacer senderismo comercial", se dijo y la planta baja de perfumes le insufló a la planta joven, donde se cruzó con una pareja que cojeaba del mismo pie. Ella nunca había visto tal mímesis y entornó los ojos, como la China de su barrio o como un diafragma que se cierra, para sacar una foto mental del momento con poca luz, tanta era la que había, que pensó pudiera ser una alucinación.
A continuación pasó por otro edificio donde la gente llevaba cestas, como las del super, llenas de libros, dvd's, Ipods, minicadenas y pensó que nunca la comida había estado tan cerca del intelecto. Compró un libro que, en otro tiempo le hubiese gustado a ella, pero lo decidió en regalo para otra persona más adecuada. Le atendió un tal Ignacio, según rezaba la chapa de su chalequillo verde, mientras que en el ticket de compra figuraba otra que decía, Carmen Rico. Bajó al hall donde envolvían los regalos y, mientras tanto, se fijó en que uno de los libros que había leído ese año "Un grito de amor desde el centro del mundo", de Kyoichi Katayama, ya iba por la 2ª edición, ese libro en el que al principio todo es soso, sin expectativas o previsible, pero después pega un estirón como un adolescente recién levantado de siesta y se convierte en mayor, dando significado a su vida y a sus letras.
Una vez abajo, otro chalequillo verde que decía "Sandra", le envolvió el regalo que años atrás hubiese preferido para ella y, de repente, el mundo se paró porque su archivo mental calcó a Sandra con una modelo de hace ya, llamada Cristina Piaget, preciosa según recordaba.
Casualidades, supuso.
De camino a su casa, y con la sola adquisición del libro, pasó algo desganada y con la inercia por bandera por la tienda Gallega donde estaba él. Al principio, echó un vistazo general a todo el local y se desganó pensando que "pa qué", él estaba en algún lugar de la tierra, pero allí solo habría cazadoras a 59,90 €, camisas básicas en rojo, negro y blanco a 9,90 € o alguna pequeña tendencia, como unos pantalones a cuadros escoceses rojos, que bien podrían aparecer en alguna marquesina enfundados en las piernas de Agyness Deyn, a juego con unos patchwork que le hiciesen parecer una araña con dos patas.
Él miró hacia fuera y ella, como un imán, volvió la cabeza como si alguien le hubiera soplado a las orejas. De repente se quedaron mirando como dos desconocidos que se conociesen de toda la vida, porque al fin y al cabo, los dos sabían que existían pero que quizá nunca se verían las caras y las solapas.
Ella se dirigió a las perchas con grandes zancadas, cogió el abrigo, le desabotonó en un acto un tanto erótico para un lugar en el que también había ropa de niños, se arropó con sus cuadros y en ese momento se convirtieron en un lienzo de carne y paño.
Ya nunca más volvió a mirar escaparates y, cuando lo hacía, era para buscar zapatos que le hicieran más esbelto a él.
Besos y abrazos
miércoles, 31 de diciembre de 2008
martes, 23 de diciembre de 2008
Érase una vez....
Érase una vez tres Reyes Magos, su interés por la magia empezó cuando sus padres les regalaron todas las entregas del magia borrás y practicaban con la chistera, la varita y algún conejo de las granjas de sus padres.
Les coronaron Magos en Las Vegas, un fin de semana en el que se casaron en tres capillas diferentes y se divorciaron a las tres horas lo cual les llevó a coincidir en el Juzgado y en las máquinas tragaperras a posteriori mientras hablaban, entre fruta y fruta, de las chisteras, los conejos y todo lo demás.
Apuntaron a un designio divino esa coincidencia en el arte de engañar a la vista que tenían por gusto y alquilaron unos camellos para hacer más vistoso el espectáculo que acordaron montar con consultas de astrología, artes adivinatorias y juegos mágicos.
En una de esas, andaban haciendo un bolo por Dubai codeándose con los jeques y tal, cuando repentinamente uno de ellos recibió un sms en su Iphone libre, que rezaba "necesitams vtra ayuda, han dspedido a mi marido dla carpintería dnd curraba y,como no pdms pagar la hipotca dla ksa, estamos en la caye con ntro bb recién nacido en una xoza.help".
La cara del Rey Mago, uno negro con el pelo ralo, fibroso y con una chapa perenne en su solapa que decía "yes, we can", se puso casi blanca al caer en la cuenta de que en el salón de los jeques donde ofrecían su espectáculo no había cobertura y, como Magos y astrólogos que eran, pensaron que ese sms que no se tenía que haber recibido significaba algo y tenían que ir en ayuda del remitente.
Todo fue uno, cobrar el bolo a los jeques, coger los camellos y recibir otro sms en el que dejaban una dirección y recomendaban mirar al cielo.
Los tres Magos miraban arriba con insistencia para intentar ver algo, pero en ese momento se desencadenó una tormenta que les llevó a trazar un plan con mayor tranquilidad delante de una taza de café gigante del Starbucks que ponía "Dubai" (ellos coleccionaban tazas de todos los lugares donde iban).
Al salir, el cielo ya estaba claro y amanecía, volvieron a subir la vista y un helicóptero con un cartel gigante que ponía "por aquí" les sobrevolaba y daba vueltas sin parar como una mosca de verano. El Rey negro, que parecía era el que llevaba la batuta de los tres, hizo una señal al piloto y comenzaron a seguirle, algunos días después el helicóptero desapareció y se encontraron en un lugar inhóspito, lleno de chalets adosados con cientos de carteles en los que ponía "se vende" o "se alquila".
Justo enfrente de un balneario desierto pudieron divisar una choza en la que se encontraban una chica muy joven, un tipo con barba y patillas algo indie pop y poco más. Al preguntar los Reyes Magos si eran los que habían enviado el sms, ella dijo que sí y que necesitaban algo para su bebé recién nacido ya que se habían quedado en la calle por efecto de una repentina crisis en su país que les había llevado al paro, entonces los tres Magos sacaron el cheque al portador que les firmaron en Dubai, se lo entregaron a la chica y se fueron todos a tomar cañas y patatas bravas a un puticlub cercano, que era el único lugar que quedaba abierto en la zona.
Besos, abrazos, feliz Navidad, felices vacaciones (a quienes pasen del niño y los Magos) y feliz año entrante por si me da por no escribir hasta entonces...
martes, 16 de diciembre de 2008
recortes
qué apostura (o es postura?), qué ligereza, qué imperturbabilidad, qué destreza...
que sangre tan helada (o tan hervida), tanto que ya ni se evapora en forma de humo...habrá que ver su temperatura metiéndole un termómetro por el culo, como a los niños chicos.
que habrá pensado su-su-frida esposa...
este hombre, en vez de dar conferencias futuras sobre como se fraguó el 11-s, en la vulcana fragua subterránea del terror, y la existencia de armas ocultas en irak debería entrenar al equipo de recortadores estadounidenses en su rancho de texas...
eso sí que sería un éxito, japs!
besos
que sangre tan helada (o tan hervida), tanto que ya ni se evapora en forma de humo...habrá que ver su temperatura metiéndole un termómetro por el culo, como a los niños chicos.
que habrá pensado su-su-frida esposa...
este hombre, en vez de dar conferencias futuras sobre como se fraguó el 11-s, en la vulcana fragua subterránea del terror, y la existencia de armas ocultas en irak debería entrenar al equipo de recortadores estadounidenses en su rancho de texas...
eso sí que sería un éxito, japs!
besos
jueves, 4 de diciembre de 2008
estados de ánimo
"el paraíso es un estado de ánimo.
cualquier lugar podía ser el lugar, si uno estaba en paz consigo mismo..."
cowboy de mediodía (ver más abajo)
esto me suena a ítaca, kavafis y a que todo está inventado.
quizá la modernidad sea el adaptar lo de toda la vida a la vida (en general)
feliz fin de semana
cualquier lugar podía ser el lugar, si uno estaba en paz consigo mismo..."
cowboy de mediodía (ver más abajo)
esto me suena a ítaca, kavafis y a que todo está inventado.
quizá la modernidad sea el adaptar lo de toda la vida a la vida (en general)
feliz fin de semana
lunes, 1 de diciembre de 2008
frivolidades
hoy venecia se ha puesto de color rosa, así miran sus farolas, para frivolizar un poco que el agua alta intente tragársela una vez más, una de tantas a lo largo de la historia.
que ocurre cuando mueren las ciudades? donde van sus silencios? donde sus rincones?
los edificios que las pueblan pueden ser engullidos por el agua, devastados por las bombas y acabar siendo añicos de los años pasados por ellos, como las personas...
en realidad, las ciudades son personas disfrazadas de cimientos...
donde van los rincones, las lágrimas que asaltaron los muros de los que pasearon por ellas, los pensamientos que flotaron en el aire antes de que desaparecieran por efecto de la naturaleza o porque la raza humana es cabrona por naturaleza....
si a venecia se la traga el agua bucearé para volver a ella una vez más (y más y más elevado a N), si la fumigan con gas mostaza me calzaré el último grito de máscara para que mis ojos respiren de nuevo el aire rosa al mirar al cielo, el más puro que existe en el mundo, si la ocupan los extraterrestres me disfrazaré de e.t para esconderme, como una pieza antigua, en cualquier rincón donde una pequeña ola choque con cualquiera de sus palacios decadentes.
que así sea, o sea...
amén
que ocurre cuando mueren las ciudades? donde van sus silencios? donde sus rincones?
los edificios que las pueblan pueden ser engullidos por el agua, devastados por las bombas y acabar siendo añicos de los años pasados por ellos, como las personas...
en realidad, las ciudades son personas disfrazadas de cimientos...
donde van los rincones, las lágrimas que asaltaron los muros de los que pasearon por ellas, los pensamientos que flotaron en el aire antes de que desaparecieran por efecto de la naturaleza o porque la raza humana es cabrona por naturaleza....
si a venecia se la traga el agua bucearé para volver a ella una vez más (y más y más elevado a N), si la fumigan con gas mostaza me calzaré el último grito de máscara para que mis ojos respiren de nuevo el aire rosa al mirar al cielo, el más puro que existe en el mundo, si la ocupan los extraterrestres me disfrazaré de e.t para esconderme, como una pieza antigua, en cualquier rincón donde una pequeña ola choque con cualquiera de sus palacios decadentes.
que así sea, o sea...
amén
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