Momento íntimo del traspaso de cartera entre los años 2009 y 2010:
- 2010: Bueno, ¿y ahora qué?
- 2009: Tú tranquilo, siempre con naturalidad, deja que te pasen los meses por encima y no pongas nunca el piloto automático. Jamás hay que bajar la guardia, ya que aunque todo parezca verdad, (casi) todo es mentira. Pero tú haz como que no te enteras, es mejor que pases a la historia por un año tonto que por comprometido en cosas que luego resultan un bluff. Nadie te lo va a agradecer, te lo aseguro.
- 2010: Pero, ¿y eso como se hace?. Es mi primera vez y creo que me va a doler.
- 2009: ¡Ay, las primeras veces! Bueno, no tienes porqué sangrar. Tú haz caso a la publicidad de Louis Vuitton, o sea, "toma una aguja de lino recubierto de cera de abeja y una paciencia infinita para proteger cada puntada de la humedad y del paso del tiempo".
El resto depende de los que vayan a pasar por tí, tú sólo eres el soporte.
- 2010: A ver que pasa...
- 2009: Suerte, yo mañana marcho a mi retiro en las islas Phi Phi.
- 2010: La voy a necesitar.
miércoles 30 de diciembre de 2009
lunes 21 de diciembre de 2009
Regreso al futuro
El próximo acertante de la lotería nacional, ha comprado nueve décimos. Hay que que decir, quizás en su descargo, que es de poco carácter y que su falta de sangre le hace hacer cosas como estas.
Él no es en absoluto aficionado pero, el afán de empatizar con todo el mundo, le hace comprar nueve números de diferentes personas que rodean su vida. La rodean como si él no fuera dueño de ella y esos nueve proveedores de los nueve números, los soportes de sus decisiones.
Compra un décimo a su jefa, la cual va cargando sibilinamente con el muerto numérico a quien se deja. Su hija universitaria le deja unos cuantos para pagarse el viaje de paso por el ecuador (lotería con recargo, por supuesto), ya que sabe, la muy puta, que los empleados no se podrán negar.
Compra a su vecino de la derecha, y al de la izquierda, con los que convive amigablemente puesto que no quiere problemas en la segunda planta en la que viven los tres y así, si toca, no le restregarían nada por no haber comprado él.
Lo hace con el dueño del bar de enfrente de su oficina, que le sirve el menú diario y que le tiene frito con la lotería desde hace meses y siempre está con que si, desde que el calvo del soplo en la mano del anuncio se fue las cosas van peor. Le aguanta porque sirve unas alubias con chorizo los miércoles que le quitan el frío, que sino....
Adquiere su caja de aspirinas en la farmacia de más arriba de su casa y, siempre que lo hace, mira de soslayo unos cuantos décimos que uno de los mancebos ha traído del bar de su padre (al final, todo se cuece, y se enriquece, en los bares) y que ha puesto allí porsiaca (también con recargo, ya que es del equipo de futbol del barrio del hijo de uno de los clientes del bar) e igualmente coge uno.
Su mejor amigo, que vive en Úbeda (si, donde los cerros), antes de comprar su décimo anual (él sólo compra uno) le pone un sms avisándole de la compra como diciendo "yo ya te lo había dicho, luego no te me quejes si toca". Y le responde con un "sí, por favor, ya te lo pagaré, dame tu número de cuenta y te lo ingreso asap".
Al recoger sus chaquetas, el de la tintorería le deja caer que tiene números y que, igual, pronto se le acaban y que ya que está allí, aprovechando que recoge las chaquetas, eso quizás sea una señal que signifique que el suyo es el que va a tocar.
La cajera del banco, al ir a revisar el extracto de su cuenta, le dice que su hermano le ha dado lotería y que, por la estima que le tiene después de tantos años yendo a la misma sucursal, se lo ofrece porque sólo le queda uno. Y...como va a decir que no. Of course. Yes, I do.
El presidente de su grupo de ajedrez ha buscado un número especial, y este es el resultado de la fecha en la que ganaron el campeonato de clubes de ajedrez de barrios y, sólo el hecho de haberlo encontrado en la ciudad, le hace pensar que es una casualidad tan grande que va a tocar. Y el hombre, agacha la cabeza y recibe la colleja del décimo mágico, pues ha sido totalmente fruto del azar.
Finalmente, el portero de su bloque, que es el que tiene la copia de las llaves de su piso, le dice que le regala uno porque le cae bien y porque su hija ha sido madre después de cinco intentos de inseminación artificial y le apetece celebrarlo con él, y el próximo acertante de la lotería nacional mira la terminación y ve que es la única que le falta en el cómputo numérico del total de décimos. Lo recoge y se va a casa a descansar del frío y de las cosas que no entiende, de su vida y de la de los demás. Llega a casa y pone la tele, Belén Esteban le mira a la cara, totalmente recauchutada, y él se queda dormido mientras piensa en como solucionar un marrón muy gordo que le ha surgido a última hora en la oficina.
"Ya lo pensaré mañana", se dice sobre el marrón.
Aunque mañana, día 22 de diciembre, con las prisas de llevar al banco el décimo que le regaló su portero, y que resultará premiado, no tendrá tiempo ni de llegar a la oficina ni al menú del bar.
Él no es en absoluto aficionado pero, el afán de empatizar con todo el mundo, le hace comprar nueve números de diferentes personas que rodean su vida. La rodean como si él no fuera dueño de ella y esos nueve proveedores de los nueve números, los soportes de sus decisiones.
Compra un décimo a su jefa, la cual va cargando sibilinamente con el muerto numérico a quien se deja. Su hija universitaria le deja unos cuantos para pagarse el viaje de paso por el ecuador (lotería con recargo, por supuesto), ya que sabe, la muy puta, que los empleados no se podrán negar.
Compra a su vecino de la derecha, y al de la izquierda, con los que convive amigablemente puesto que no quiere problemas en la segunda planta en la que viven los tres y así, si toca, no le restregarían nada por no haber comprado él.
Lo hace con el dueño del bar de enfrente de su oficina, que le sirve el menú diario y que le tiene frito con la lotería desde hace meses y siempre está con que si, desde que el calvo del soplo en la mano del anuncio se fue las cosas van peor. Le aguanta porque sirve unas alubias con chorizo los miércoles que le quitan el frío, que sino....
Adquiere su caja de aspirinas en la farmacia de más arriba de su casa y, siempre que lo hace, mira de soslayo unos cuantos décimos que uno de los mancebos ha traído del bar de su padre (al final, todo se cuece, y se enriquece, en los bares) y que ha puesto allí porsiaca (también con recargo, ya que es del equipo de futbol del barrio del hijo de uno de los clientes del bar) e igualmente coge uno.
Su mejor amigo, que vive en Úbeda (si, donde los cerros), antes de comprar su décimo anual (él sólo compra uno) le pone un sms avisándole de la compra como diciendo "yo ya te lo había dicho, luego no te me quejes si toca". Y le responde con un "sí, por favor, ya te lo pagaré, dame tu número de cuenta y te lo ingreso asap".
Al recoger sus chaquetas, el de la tintorería le deja caer que tiene números y que, igual, pronto se le acaban y que ya que está allí, aprovechando que recoge las chaquetas, eso quizás sea una señal que signifique que el suyo es el que va a tocar.
La cajera del banco, al ir a revisar el extracto de su cuenta, le dice que su hermano le ha dado lotería y que, por la estima que le tiene después de tantos años yendo a la misma sucursal, se lo ofrece porque sólo le queda uno. Y...como va a decir que no. Of course. Yes, I do.
El presidente de su grupo de ajedrez ha buscado un número especial, y este es el resultado de la fecha en la que ganaron el campeonato de clubes de ajedrez de barrios y, sólo el hecho de haberlo encontrado en la ciudad, le hace pensar que es una casualidad tan grande que va a tocar. Y el hombre, agacha la cabeza y recibe la colleja del décimo mágico, pues ha sido totalmente fruto del azar.
Finalmente, el portero de su bloque, que es el que tiene la copia de las llaves de su piso, le dice que le regala uno porque le cae bien y porque su hija ha sido madre después de cinco intentos de inseminación artificial y le apetece celebrarlo con él, y el próximo acertante de la lotería nacional mira la terminación y ve que es la única que le falta en el cómputo numérico del total de décimos. Lo recoge y se va a casa a descansar del frío y de las cosas que no entiende, de su vida y de la de los demás. Llega a casa y pone la tele, Belén Esteban le mira a la cara, totalmente recauchutada, y él se queda dormido mientras piensa en como solucionar un marrón muy gordo que le ha surgido a última hora en la oficina.
"Ya lo pensaré mañana", se dice sobre el marrón.
Aunque mañana, día 22 de diciembre, con las prisas de llevar al banco el décimo que le regaló su portero, y que resultará premiado, no tendrá tiempo ni de llegar a la oficina ni al menú del bar.
martes 1 de diciembre de 2009
Cristales empañados
Pasear por la ciudad un día de clásico tiene algo de romántico visto desde fuera.
Atravesar las calles vacías, mientras se mira el interior de los bares, es una love story de la masa, que fija sus pupilas no en tu pupila azul, sino en las piernas de 22 tíos detrás de una pelota, y que necesita estímulos externos para renovar sus ilusiones, desilusionadas por la continua rutina de los días.
Bocas que, respirando apresuradamente, se aturullan delante de una caja tonta que comparte emisión con gran hermano y que los domingos, o los sábados, relata historias de amor y odio de once contra once, dando lugar a mil cristales empañados de vaho, producto de respiraciones sudorosas, postcoitales y, como resultado, adormecidas de sueño y esfuerzo.
Ver un BarÇa-Madrid, allí donde no llega el sofá del salón propio y el mando a distancia que nos otorga poder sobre algunos micromundos, es como hacer el amor en un cubículo de cristal.
Al final, el vaho toma posiciones en la estancia y lo transparente se vuelve opaco y se transforma en algo que no tiene nada que ver con lo que era en un principio.
Quien corrió más este domingo fue la Cataluña de Laporta (al que le diría un par de cosas), a resultas de lo cual la masa puso sus manos en los cristales empañados de los bares y emitió un alarido de placer cuando la balanza cayó para el lado de los que no son blancos.
Quizás el futbol, esa cosa que hace soñar a quienes están a falta de sueños o a los que son vampirizados por ellos, sea el verdadero amor, pues sólo este es mezcla de aliento, sudor y cristales empañados.
Atravesar las calles vacías, mientras se mira el interior de los bares, es una love story de la masa, que fija sus pupilas no en tu pupila azul, sino en las piernas de 22 tíos detrás de una pelota, y que necesita estímulos externos para renovar sus ilusiones, desilusionadas por la continua rutina de los días.
Bocas que, respirando apresuradamente, se aturullan delante de una caja tonta que comparte emisión con gran hermano y que los domingos, o los sábados, relata historias de amor y odio de once contra once, dando lugar a mil cristales empañados de vaho, producto de respiraciones sudorosas, postcoitales y, como resultado, adormecidas de sueño y esfuerzo.
Ver un BarÇa-Madrid, allí donde no llega el sofá del salón propio y el mando a distancia que nos otorga poder sobre algunos micromundos, es como hacer el amor en un cubículo de cristal.
Al final, el vaho toma posiciones en la estancia y lo transparente se vuelve opaco y se transforma en algo que no tiene nada que ver con lo que era en un principio.
Quien corrió más este domingo fue la Cataluña de Laporta (al que le diría un par de cosas), a resultas de lo cual la masa puso sus manos en los cristales empañados de los bares y emitió un alarido de placer cuando la balanza cayó para el lado de los que no son blancos.
Quizás el futbol, esa cosa que hace soñar a quienes están a falta de sueños o a los que son vampirizados por ellos, sea el verdadero amor, pues sólo este es mezcla de aliento, sudor y cristales empañados.
miércoles 25 de noviembre de 2009
Besos invisibles....
Aunque youtube cada año nos lo ponga más difícil, ahí va la canción que nunca sabrás que va pegada a ti....
Algún día Petra será nuestra....
Algún día Petra será nuestra....
lunes 23 de noviembre de 2009
A este paso....mangas verdes
Me levanto, pongo el pie en el suelo (al igual que sólo me pinto un ojo), salgo a la calle y la primavera entra por la vida a la vez que el invierno sale por la ventana.
Quizá el tiempo esté sincronizando su Itunes de lluvias y relámpagos con el de los mortales en este Noviembre, y nadie entienda el deja vú al que nos enfrentamos a diario dejando los abrigos en las perchas, porque no tienen trabajo en los cuerpos, y todo esté pensado por alguna mente calenturienta de outlet, que es la que nos hace llevar dos mangas escuetas en los brazos.
Los coles van a los niños, que siguen de la mano de los mismos padres de todas las mañanas, y ellos también se preguntan si hay que encebollar de mangas a sus pequeños o llevarles ligeros de equipaje con sólo la mochila, poco más.
A este paso, dentro de nada, nos salpicará en los ojos la sal del mar...
Quizá el tiempo esté sincronizando su Itunes de lluvias y relámpagos con el de los mortales en este Noviembre, y nadie entienda el deja vú al que nos enfrentamos a diario dejando los abrigos en las perchas, porque no tienen trabajo en los cuerpos, y todo esté pensado por alguna mente calenturienta de outlet, que es la que nos hace llevar dos mangas escuetas en los brazos.
Los coles van a los niños, que siguen de la mano de los mismos padres de todas las mañanas, y ellos también se preguntan si hay que encebollar de mangas a sus pequeños o llevarles ligeros de equipaje con sólo la mochila, poco más.
A este paso, dentro de nada, nos salpicará en los ojos la sal del mar...
lunes 16 de noviembre de 2009
¿Que pensaría Don Draper?
Me pregunto que opinaría Don Draper sobre la campaña publicitaria que ha lanzado H & M, haciendo una joint venture con Jimmy Choo, y que me recuerda tanto a las rebajas, con falsas pijas (o pijas venidas a menos) acampadas desde las 5 de la mañana a las puertas del H & M que les viniera más cercano, soñando con enfundarse un cárdigan de lentejuelas a 99 € la pieza.
Por lo demás, y ante este amago de rebajas de lujo, los días transcurren en modo Johanesburgo, ese modo en el que, cuando miramos al cielo vemos decenas de platillos volantes (apagados por ahora) y algunos barrios son el District 9 del realojo para los que vinieron del espacio exterior.
Algunos, los que tienen la suerte de ser mileuristas, esperan al mes 12 con la inquietud de la mano en la barbilla, viendo cómo peligra su paga doble (or just, su paga), que sería el pasaporte a algún lugar fuera de su habitualidad o el tapado de algunas deudas pendientes.
Quizá querrían tener el espejo de El Imaginario del Dr. Parnassus y obligar a sus jefes a que entrasen juntos para poder ver la cara verdadera de quien les paga a fin de mes y así estar preparados con caras de reserva, que nunca vienen mal para ciertos momentos en los que reina la desconfianza....
Por lo demás, y ante este amago de rebajas de lujo, los días transcurren en modo Johanesburgo, ese modo en el que, cuando miramos al cielo vemos decenas de platillos volantes (apagados por ahora) y algunos barrios son el District 9 del realojo para los que vinieron del espacio exterior.
Algunos, los que tienen la suerte de ser mileuristas, esperan al mes 12 con la inquietud de la mano en la barbilla, viendo cómo peligra su paga doble (or just, su paga), que sería el pasaporte a algún lugar fuera de su habitualidad o el tapado de algunas deudas pendientes.
Quizá querrían tener el espejo de El Imaginario del Dr. Parnassus y obligar a sus jefes a que entrasen juntos para poder ver la cara verdadera de quien les paga a fin de mes y así estar preparados con caras de reserva, que nunca vienen mal para ciertos momentos en los que reina la desconfianza....
miércoles 4 de noviembre de 2009
Oracular Spectacular
Podemos estar tranquilos, el jefe de la oposición ha dicho que "no voy a permitir ningún espectáculo más".
Pero....¿a que tipo de espectáculo se refiere el jefe de la oposición con ese golpe de zapato en la mesa que ha dado? a los reality shows, a los lomanazos deluxe, a los butrones que asustan los escaparates de las pymes, a los trajes que se regalan sin pasar por caja, a las cajas B (o C o D....Z, la vida es una tómbola-tom-tom, oh yeah!), a las luchas de poder entre las organizaciones de todo tipo (políticas, empresariales, personales, familiar-es......es-es, oh yeah!!) convertidas en pequeños reinos de taifas con ramificaciones en Suiza (o quizá en algún otro pequeño país que no sirve más que para acoger divisas de fuera, cosa que fomenta enormemente su turismo inside)
O quizá se refiere el jefe de la oposición a los que lesionan futbolistas, a las subvenciones dadas a dedo (o sea..., Tamara sound..., dedicadas) o a tantas otras vicisitudes con que nos adorna esta vida moderna que, de tan moderna tan moderna que es, siempre anda buscando el revival (oh yeah, yeah!!!) porque parece que no es capaz de sostenerse con tanta languidez creativa por las esquinas.
En fin, que no sabemos a ciencia cierta (preguntémosle a Hipatia de Alejandría, quizá describa una elipse mientras hace cábalas en el jardín zen con piedrecitas y arena de su casa, y pueda hallar la solución) a que se quiere referir el jefe de la oposición con lo del espectáculo (aunque bien es sabido que show must go on yeahhhhhh)
Le mando un beso, dentro de La cabina de las pesadillas de mi infancia, a José Luis López Vázquez allá donde esté (tendrá suerte porque no tardarán tanto en enterrarle como a Michael Jackson, algo que le hubiese parecido una pesadez). Si hubiese nacido en Wichita y mudado a Manhattan para probar como actor, previo paso por cien bares como camarero, sería uno de los actores más grandes del mundo, pero nació en España y sus consecuencias y, que coño, para mi fue un genio.
Más besos para Levi-Strauss y Francisco Ayala, el escritor que no celebraba años, sino que los lamentaba, muertos por la patria de la cultura y por la caducidad de la vida, que tanto desaprovechamos con memeces que no tienen importancia.
¿Por qué hay semanas en las que a todo el mundo le da por morirse a la vez?
Mientras, el resto de los mortales seguimos los consejos maternos de lavarnos las manos ochenta veces al día (tanto que ya algunas parecen los cantos rodados que pululan por los ríos) e intentamos descifrar que tipo de espectáculo no va a permitir el jefe de la oposición y va a hacer nuestra vida más feliz y equilibrada.
Pero....¿a que tipo de espectáculo se refiere el jefe de la oposición con ese golpe de zapato en la mesa que ha dado? a los reality shows, a los lomanazos deluxe, a los butrones que asustan los escaparates de las pymes, a los trajes que se regalan sin pasar por caja, a las cajas B (o C o D....Z, la vida es una tómbola-tom-tom, oh yeah!), a las luchas de poder entre las organizaciones de todo tipo (políticas, empresariales, personales, familiar-es......es-es, oh yeah!!) convertidas en pequeños reinos de taifas con ramificaciones en Suiza (o quizá en algún otro pequeño país que no sirve más que para acoger divisas de fuera, cosa que fomenta enormemente su turismo inside)
O quizá se refiere el jefe de la oposición a los que lesionan futbolistas, a las subvenciones dadas a dedo (o sea..., Tamara sound..., dedicadas) o a tantas otras vicisitudes con que nos adorna esta vida moderna que, de tan moderna tan moderna que es, siempre anda buscando el revival (oh yeah, yeah!!!) porque parece que no es capaz de sostenerse con tanta languidez creativa por las esquinas.
En fin, que no sabemos a ciencia cierta (preguntémosle a Hipatia de Alejandría, quizá describa una elipse mientras hace cábalas en el jardín zen con piedrecitas y arena de su casa, y pueda hallar la solución) a que se quiere referir el jefe de la oposición con lo del espectáculo (aunque bien es sabido que show must go on yeahhhhhh)
Le mando un beso, dentro de La cabina de las pesadillas de mi infancia, a José Luis López Vázquez allá donde esté (tendrá suerte porque no tardarán tanto en enterrarle como a Michael Jackson, algo que le hubiese parecido una pesadez). Si hubiese nacido en Wichita y mudado a Manhattan para probar como actor, previo paso por cien bares como camarero, sería uno de los actores más grandes del mundo, pero nació en España y sus consecuencias y, que coño, para mi fue un genio.
Más besos para Levi-Strauss y Francisco Ayala, el escritor que no celebraba años, sino que los lamentaba, muertos por la patria de la cultura y por la caducidad de la vida, que tanto desaprovechamos con memeces que no tienen importancia.
¿Por qué hay semanas en las que a todo el mundo le da por morirse a la vez?
Mientras, el resto de los mortales seguimos los consejos maternos de lavarnos las manos ochenta veces al día (tanto que ya algunas parecen los cantos rodados que pululan por los ríos) e intentamos descifrar que tipo de espectáculo no va a permitir el jefe de la oposición y va a hacer nuestra vida más feliz y equilibrada.
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